La Coctelera
1

Pompas de Jabón

3

Tic, tic, tic...

Sus ojos....reflejados en el espejo, teñidos de tristeza, hundidos bajo sus pobladas cejas, se sostenían por unas profundas ojeras.
Las pupilas estaban dilatadas en toda su extensión, la mirada perdida, ausente, trantando de no ahogarse en esa piscina de purpurina tibia que se precipitaba al vacío desde sus alargadas pestañas, resbalando en perfecta sincronización por sus mejillas.
Así permaneció un instante, sin un solo sollozo, solamente un suspiro, profundo y tan sobrecogedor que su silencio sólo se vió interrumpido cuando la pena estalló contra el lavabo. Tic, tic, tic...

"A veces no nos dan a escoger entre las lágrimas y la risa, sino sólo entre las lágrimas, y entonces hay que saberse decidir por las más hermosas."
Maurice Maeterlinck

2

Un cadáver exquisito

No se habían visto nunca, en ninguna ocasión, pero le saludó efusivamente, ella también se había confundido.
Fue verse y amarse. Ella tenía los colmillos largos y afilados. Él tenía la piel blanca y suave: estaban hechos el uno para el otro.
Él le dio su teléfono, que no paraba de sonar, hasta que lo estranguló.
Una noche ella le invitó a una fiesta en su castillo. Él, naturalmente, llevaría la bebida.
Cuando llegó, alguien a su espalda le tapó los ojos, pero nunca supo quien era, tan sólo que tenía la mano muy fría y como única línea, en su palma, había una interrogación.
- No veo nada querida.
- Es natural, querido: acabas de quedarte ciego.

Sus labios no alcanzaron a modular una sola palabra, sólo a besarle.
Lo vio tan triste que, colgó las alas, y más que vampiro se sintió amante.
Al alba, un día nuevo despuntaba brumoso, cargado de melancolía y reverberación. Se declaró el toque de queda:
- Quédate -dijo él, y la tocó de nuevo.

Se despertó solo, observó su cuerpo desnudo recubierto de plumas y se sintió triste, con una tristeza parecida a la del hombre lobo.

Las alas del deseo le llevaron a una pequeña muerte.

2

Mi luna

En el majestuoso conjunto de la creacion, nada hay que me conmueva tan
hondamente, que acaricie mi espiritu y dé vuelo desusado a mi fantasia
como la luz apacible y desmayada de la luna.
(Gustavo Adolfo Bécquer)

1

Cuando no puedo dormir...


Cuando no puedo dormir, rezo padrenuestros.
Cada parte que no recuerdo la reemplazo por zapateos;
en realidad, todas mis plegarias son un gran malambo

que comienzan con "padrenuestro..."
(punto desde el cual, no recuerdo como continuar).

Alguien grita (podría ser el portero): "Basta de bailar ahí arriba!!!".
Yo no contesto y sigo con lo mío.
Otra voz solicita silencio; entonces me sumo al coro y grito
"ESO!!, SILENCIO!!! Que aquí hay gente rezando!!!".

1

Dulce sombra

fotos. recuerdos. momentos. cosas para siempre. instantes efímeros capturados en un intento de dotar de permanencia aquello que ya no es. mentiras que perduran. inmortalizan. me ayudan a aferrarme al pasado. por eso tengo tan buena memoria. memoria fotográfica. nunca me arrepentí de nada. a veces tomé decisiones muy difíciles que cambiaron el rumbo de mi vida. como el de un barquito de papel que decide navegar por otros mares. siempre contracorriente. hoy he descubierto que sí me arrepiento de algo. algo que hice. que cambió el rumbo de mi vida. como el de un barco, de metal, que me hizo navegar por otros mares. siguiendo la corriente. ya no puedo volver atrás. nunca se puede. tampoco puedo vivir en las fotos. son inertes imágenes de un pasado. mis átomos se desintegran en el presente, mi cerebro piensa en el futuro y mi corazón sigue siendo de papel.

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Katana

palabras pronunciadas en bajito a altas horas marcadas por el implacable reloj.
susurros lanzados al infinito vacío que separan los labios del interlocutor al punto exacto de la anatomía de aquel a quien van dirigidas esas vibraciones casi afónicas pero que tienen tanta fuerza que hacen que se te olvide el tic-tac, que el tiempo pase más deprisa, que parezca que desaparece, que desaparezca que parece, ya no está. Pero tu sigues ahí, en la penumbra, brillando con luz propia, despertándome cada vez que parpadeas, porque tus pestañas, como una katana, reducen a trocitos mis argumentos, por muy sedosos que parezcan.

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La Petite Morte